Tratamiento de migraña en el embarazo y la lactancia: mitos vs. nuevas guías
- Fiorella Martin Bertuzzi

- hace 3 días
- 5 Min. de lectura
Cuando como mujeres atravesamos el deseo de ser madre, se abren mil preguntas e incognitas.
Es que el embarazo o la lactancia son territorios tan complejos, con cientos de preguntas, miedos y –muchas veces desde la medicina– muy pocas respuestas claras. Durante años, muchas de nosotras recibimos indicaciones vagas, contradictorias o simplemente nos dejaron sin opciones. Frases como "mejor no tomes nada" o "ya se te va a pasar" solo reforzaron la desinformación y la culpa.
Por eso, las nuevas guías internacionales sobre migraña en embarazo, lactancia y planificación familiar son un paso fundamental. Fueron desarrolladas por expertos en cefaleas, neurología y salud materno-infantil, con un enfoque basado en la mejor evidencia científica disponible y también en la seguridad y el bienestar de las personas gestantes. No son reglas rígidas, sino herramientas para tomar decisiones compartidas y personalizadas.
Hoy sabemos que el tratamiento sí es posible. Con cuidado, planificación y acompañamiento profesional, se pueden prevenir y tratar las crisis de migraña de forma segura, sin resignarse a sufrir ni asumir riesgos innecesarios. Este posteo resume las recomendaciones más importantes de esas guías, y te invita a conocer tus opciones. Porque ser madre con migraña no debería ser un camino solitario.
Tratamientos: ¿qué se puede usar?
En la búsqueda:
Durante la búsqueda se puede usar cualquier medicación aguda o de rescate, aunque la mayor parte deben ser suspendidos al detectar embarazo. Esto se debe a que la mayor parte de las medicaciones desaparecen del torrente sanguineo dentro de las 48hs del consumo haciendo poco probable la interacción con el embrión.
Con respecto a la prevención, se deben priorizar siempre cambios no farmacológicos (mejora del sueño, la dieta, ejercicio, gestión del stress) y estrategias de neuromodulación. La acupuntura, la terapia cognitivo-conductual y cambios en el estilo de vida son estrategias complementarias que han demostrado ser útiles en estudios controlados.
Los medicamentos más seguros son los betabloqueantes y la amitriptilina. En los últimos años, se ha incorporado el uso de la toxina botulínica como opción para las pacientes con migraña crónica que buscan embarazo.
En embarazo:
Siempre vamos a optar por medidas no farmacologicas cuando son efectivas. Ahora, cuando no lo son, tenemos varias herramientas que debemos considerar.
Se prefiere el paracetamol, idealmente en las dosis más bajas efectivas. Aunque no es siempre suficiente. Algunos antiinflamatorios (como ibuprofeno) podrían considerarse en el segundo trimestre, pero deben evitarse en el primero y tercero por posibles riesgos fetales.
Otra herramienta fundamental es la metoclopramida (para náuseas) la cual es generalmente segura.
Los triptanes, particularmente sumatriptán, tienen estudios que no muestran un aumento claro de malformaciones congénitas, aunque se recomienda un uso limitado y con estricto control médico. Se desaconsejan medicamentos como topiramato, valproato, ergotamina y opioides.
Durante el embarazo (y en todas las otras etapas) podemos agregar suplementos que han demostrado mejorar la frecuencia de migraña. Magnesio, riboflavina (B2) y coenzima Q10 pueden ser opciones preventivas seguras. Es fundamental consultar y consensuar con el equipo médico y nunca automedicarse ya que aunque “naturales” pueden provocar cambios en el metabolismo, la función renal y/o la tensión arterial durante el embarazo y el puerperio.
En puerperio y lactancia:
El paracetamol, ibuprofeno, metoclopramida y el sumatriptán son considerados compatibles con la lactancia por organismos internacionales como la AAP (American Academy of Pediatrics).
Si usás un triptán, se sugiere esperar 3-4 horas para volver a amamantar (aunque las concentraciones en leche son bajas).
En cuanto a los preventivos, casi todos los preventivos vía oral son compatibles con la lactancia en dosis bajas a excepción de los anticuerpos monoclonales y la toxina botulínica los cuales no tienen suficiente evidencia para evaluar su seguridad.
Para mujeres con migraña muy severa o frecuente, hay que individualizar y valorar riesgos vs beneficios de preventivos, incluso en contextos más complejos.
Cada embarazo es un mundo
No hay una única respuesta correcta. No todas las mujeres mejoran durante el embarazo (aunque muchas sí lo hacen), y no todas las migrañas se comportan igual. Por eso, no automedicarse es clave, pero tampoco lo es resignarse.
Lo más importante es armar equipo con profesionales que entiendan de migraña y salud reproductiva, que no minimicen tus síntomas y te acompañen a tomar decisiones seguras y consensuadas.
Planificar: la herramienta más poderosa en migraña y maternidad
En la migraña —como en muchas enfermedades crónicas— la improvisación rara vez funciona. Y durante el embarazo o la lactancia, eso se vuelve aún más evidente. La clave no está solo en “qué tomar”, sino en cómo nos preparamos para estas etapas tan particulares de la vida.
Tener un plan no significa que todo saldrá perfecto, pero sí que nos damos un marco de acción, un colchón para el imprevisto. Significa saber qué puedo tomar si tengo una crisis, con qué dosis, cuándo ir al médico, cuándo consultar a la guardia, y a quién pedir ayuda. Planificar no es obsesión: es autocuidado.
Muchas veces trabajamos años en encontrar un esquema de tratamiento que funcione… y cuando llega un embarazo, todo eso parece desarmarse. Pero no debería ser así. Hay herramientas para prevenir, alternativas no farmacológicas, apoyos que no se reducen a una receta.
Volver a lo esencial
Antes de correr a cambiar todo, vale la pena revisar pilares básicos que pueden ayudar a estabilizar el sistema nervioso:
Rutina del sueño: mantener horarios regulares es tan importante como dormir bien.
Alimentación estable: sin grandes ayunos, sin extremos. Escuchar el cuerpo.
Hidratación: subestimada, pero crucial.
Actividad física adaptada: moverse ayuda a regular neurotransmisores y mejorar el ánimo.
Gestión del estrés: mindfulness, terapia, journaling… lo que funcione para vos.
Estos no son “trucos” sino piezas centrales del tratamiento en etapas donde los medicamentos pueden ser limitados o inseguros.
Conclusión
En mi propia búsqueda de embarazo, mi psicóloga me dijo algo que nunca olvidé: “un bebé necesita espacio, y ese espacio hay que crearlo primero en una misma”.
A veces, la búsqueda se vuelve una carrera frenética, llena de listas interminables de lo que deberíamos hacer o evitar. Se transforma en un esfuerzo por tener todo bajo control, cuando en realidad, lo que más se necesita es abrir lugar: en el cuerpo, en la cabeza, en el ritmo cotidiano.
La migraña, con su insistencia, nos enseña algo parecido: nos obliga a encontrar equilibrio entre el hacer y el parar, entre el movimiento y el descanso.
Y la maternidad también se trata de eso. De sostener y cuidarse al mismo tiempo, de aprender a escuchar(se), de hacer espacio para lo nuevo sin perderse en el intento.
Si estás buscando embarazo, si estás transitando uno, o si estás en plena etapa de lactancia y sentís que la migraña volvió con fuerza: no estás sola. Tu dolor merece ser tomado en serio. Y sí, hay formas de acompañarte sin resignar ni tu salud, ni tu maternidad.
Contame tu experiencia, te leo!




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