¿Y si no es la cabeza lo que duele? Dolor emocional, corporal y neurológico
- Fiorella Martin Bertuzzi

- hace 5 días
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Hay días en los que la cabeza duele, sí. Pero también duele la nuca, los ojos, la mandíbula, la espalda, el estómago, el ánimo. Duele todo. Esos días uno se pregunta: ¿será migraña? ¿Será ansiedad? ¿Será el cuerpo avisándome que no puede más?
Muchas veces tratamos de entender el dolor como si fuera un síntoma aislado, como si pudiéramos separarlo en compartimentos: esto es neurológico, esto es emocional, esto es muscular. Pero el cuerpo no se divide así. Somos un sistema único, con un sistema nervioso que recibe, interpreta y amplifica señales. Y cuando ese sistema está hipersensible, puede reaccionar frente a cualquier estímulo, físico o emocional, con dolor.
Cuando los dolores se mezclan
La migraña, la fibromialgia, el colon irritable, la ansiedad y la depresión comparten algo más que la frustración de no tener un “marcador” claro en estudios: comparten una vulnerabilidad sensorial. Un modo de percibir el mundo (y el cuerpo) más intenso, más vulnerable, más doloroso. Esto no significa que “es todo psicológico” —una frase muy escuchada y repetida— sino que lo emocional y lo corporal están íntimamente entrelazados.
¿Qué dice la ciencia?
Un estudio reciente publicado en Pain Reports (2024) analizó pacientes con diferentes tipos de dolor crónico (migraña, fibromialgia, dolor lumbar, depresión) y encontró que todos compartían alteraciones en las mismas redes cerebrales. Especialmente en aquellas regiones involucradas en la percepción del dolor, la regulación emocional y la toma de decisiones .
El análisis mostró que los pacientes con migraña no solo tenían activación en zonas relacionadas al dolor físico, sino también en áreas ligadas a la tristeza, la frustración y la fatiga. Y en muchos casos, estas activaciones cerebrales eran idénticas a las que se ven en pacientes con depresión o fibromialgia. Es decir: no es que hay un solo tipo de dolor, sino una experiencia global, compartida, que se vive en forma personal.
Entonces… ¿qué hacemos con este conocimiento?
Primero, dejar de sentir culpa. Si tu dolor no se ve en una resonancia, no es menos real. Si además del dolor físico estás agotado emocionalmente, no es porque “te hacés la cabeza”. Tu sistema está sobrecargado y quiere que te escondas, quiere protegerte. Reconocer esa conexión mente-cuerpo no es rendirse a lo emocional, es integrarlo.
Segundo, ampliar el abordaje. A veces, tratar la migraña no es solo tomar un preventivo. También se puede empezar terapia, trabajar la autoexigencia, mover el cuerpo de formas nuevas, o revisar vínculos.
No es una solución mágica. Es un mapa más complejo, pero también más humano.
No siempre podemos encontrar una causa específica o visible para el dolor. Pero siempre viene a enseñarnos algo. Escucharlo, con todo lo que trae, puede ser el primer paso para sanar.
¿Que te enseño el dolor? Te leo.




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