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La doble vida del paciente con cefalea: “parece que estoy bien, pero no lo estoy”

Hace un par de semanas una paciente me miró a los ojos en consultorio y me dijo “Hoy tenés ojitos de migraña, ¿te duele la cabeza?”. Tenía razón, ese día el dolor era particularmente fuerte y el analgésico que tomé no estaba haciendo su trabajo.


Es que hay días en los que te levantás, te vestís, salís, trabajás, sonreís. Y nadie se da cuenta de que te está latiendo la cabeza desde que abriste los ojos. Nadie sabe que hoy ya tomaste una pastilla, o dos, o cinco. Que hace una hora estuviste en el baño con náuseas y no pudiste vomitar. Que tu cuello está tenso como una cuerda de piano. Que estás haciendo un esfuerzo enorme para no cancelar esa reunión, esa cena, esa clase que ya pagaste, o dar esa clase.


Ahí estás, aguantando.


Hay algo profundamente agotador en tener una enfermedad que muchas veces no se ve. Una enfermedad silenciosa, que te hace vivir entre comillas: “bien”, “normal”, “funcional”. El cuerpo y el alma duelen, pero la imagen no lo refleja. La cabeza arde, pero tu jefe no lo nota. El ruido te taladra, pero tus hijos siguen jugando y vos tampoco querrías que paren. El mundo no se detiene.


En Argentina, una de cada siete personas sufre migraña. Y según la OMS, la migraña es la segunda causa de años vividos con discapacidad en el mundo. Y, sin embargo, no hay sillas preferenciales para migrañosos, ni certificados que digan “no está en su mejor día”. No hay margen para flaquear.


Vivimos una doble vida. Una interna y una externa. Aprendimos a escondernos. A sonreír cuando no podemos más. A decir “me duele un poco” cuando en realidad estamos contando los minutos para llegar a casa y apagar todo. Incluso a mentirnos a nosotros mismos y convencernos que un ibuprofeno va a ser suficiente para cortar este dolor.


Lo más curioso de este tema es que somos un montón, pero no hablamos del tema abiertamente. En silencio, muchos de nosotros atravesamos lo mismo. Sufrimos en paralelo, con estrategias parecidas, con los mismos miedos. Pero el estigma —eso de “exagerás”, “otra vez con dolor de cabeza”, “tendrás que acostumbrarte”— nos hace callar. Nos aísla. Nos vuelve invisibles.


Vivimos una doble vida. Una en la que funcionamos, producimos, sostenemos. Y otra en la que nos aguantamos, nos curvamos, nos partimos por dentro. La migraña y las cefaleas primarias en general no son solo dolor físico. Es la fatiga de tener que explicar una y otra vez que no es “solo un dolor de cabeza”. Es la angustia de sentir que no cumplís. Es la tensión de tener que rendir con la cabeza en otra parte. Es la desesperación de pensar “¿y si esto no se me va nunca?”.


Pero también, en esta doble vida, aparece la posibilidad de dejar de disimular. De empezar a hablar. De mirar al otro y decir: “tenés carita de migraña, ¿te bajo la luz?”. De aprender a pedir ayuda sin miedo, de tomar pausas sin culpa, de buscar redes de apoyo. De dejar de minimizar lo que nos pasa. De dejar de sentir culpa por necesitar cuidarnos.


Visibilizar es el primer paso para sanar.


En la Asociación Migraña y Cefaleas Argentina (AMyCA) trabajamos para generar espacios de apoyo, información confiable y contención real. Porque compartir con otros lo que vivimos —ponerle palabras, darle nombre— nos fortalece. Uno de estos espacios es el grupo de Whatsapp.


Si querés sumarte, ingresá a www.amyca.ar


Sumate, acompañanos, hablemos. Porque hablar de cefalea también es parte del tratamiento.

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CEFALOCA - Dra. Fiorella Martin Bertuzzi
Especialista en Neurología y Educación Universitaria

Rivadavia 4702, 3ro D, Caballito, Buenos Aires, Argentina
Santa Fe 3288, 4°A, Palermo,Buenos Aires, Argentina
Teléfono/Whatsapp: +54911 6036 5825

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