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Ser madre/padre con migraña: culpa, adaptaciones y estrategias reales

Ser madre o padre ya es difícil. Nadie sale indemne. Pero cuando la migraña entra en escena, parece que cada paso en la crianza se vuelve una montaña. ¿Cómo explicarle a tu hijo que no podés jugar a la escondida porque cada movimiento te retumba en la cabeza? ¿Cómo hacerle entender que no es su culpa, cuando cancelás el picnic prometido porque amaneciste con náuseas y la mitad de la cara adormecida? ¿Cómo perdonarte por esas veces en las que gritaste más fuerte porque ya venías con la mecha corta, la presión en la sien y el cansancio acumulado de días sin dormir?


Tener migraña y ser madre o padre es una combinación que muchas veces se vive fatal. No hay manera de evitarlo: toda condición de salud crónica en un cuidador influye en la experiencia de los hijos. La migraña, por su carácter imprevisible, incapacitante y muchas veces incomprendido, puede generar ausencias físicas y emocionales, limitar actividades compartidas y crear un entorno familiar atravesado por el miedo al dolor.


La ciencia respalda esta realidad: los hijos de madres con migraña tienen más riesgo de presentar síntomas depresivos, ansiedad, dificultades para regular emociones, y hasta pueden replicar los patrones de dolor o evitación aprendidos en casa. También se ha observado mayor nivel de estrés en madres con cefalea, incluso más si trabajan fuera del hogar.


¿No hay nada que hacer? ¿De verdad?


La buena noticia es que  podemos hacer algo: cambiar la forma en que convivimos con el dolor. Quizás no podamos eliminar el dolor, pero podemos cambiar cómo lo enfrentamos. Y en eso, también, podemos enseñar.


Yo lo vi conmigo y con mis propios pacientes. Hay madres que transforman sus rutinas, que integran momentos de pausa, que se animan a poner palabras a su dolor sin victimizarse. Que dicen: “Mamá hoy no puede salir, pero mañana lo intentamos de nuevo. Y no es tu culpa, es mi cuerpo que necesita descansar.”


Cuando esos chicos crecen, tienen otra relación con el malestar. Saben que el cuerpo también necesita cuidado. Que no hay que esperar a explotar para parar. Y eso —créeme— es un regalo.


Algunas madres con migraña aprenden a usar estrategias no farmacológicas no solo para ellas, sino para poder ser mejores madres: meditaciones, técnicas de respiración, yoga suave, regulación del sueño, alimentación más consciente. No porque estén en un spa, sino porque es su forma de poder sostener. No rendirse no significa no descansar.


Acompañar el dolor, criar con conciencia


Si estás criando con migraña, sabés que no hay fórmulas mágicas. Pero cada vez que priorizás tu bienestar, estás criando también desde el ejemplo. La migraña puede ser una interrupción… o una maestra inesperada que nos muestra los límites, nos obliga a bajar el ritmo y, quizás, a criar con más presencia, incluso en la ausencia.


Un punto clave es el coping, es decir, cómo enfrentamos nuestra condición. Las madres que logran integrar prácticas de autocuidado no farmacológicas —como relajación, higiene del sueño, meditación o yoga— muestran mejor capacidad de adaptación y menor estrés parental.


Hablarles del dolor con palabras simples, sin esconderte. Mostrar que pedir ayuda no es signo de debilidad. Que parar no es rendirse. Que llorar también es parte de estar vivos.


Lo más poderoso que podemos hacer por nuestros hijos no es ocultarles el dolor, sino enseñarles cómo lo gestionamos. Cuando hablamos con ellos en un lenguaje simple, cuando pedimos ayuda sin vergüenza, cuando mostramos que parar no es fracasar sino cuidarse… estamos enseñando habilidades que probablemente les sirvan toda la vida.


Y entonces, la culpa —esa vieja conocida— empieza a aflojar. Porque entendés que no sos mala madre, sos una madre con migraña. Y eso también puede ser enseñanza. Enseñás a autorregularse. Enseñás a convivir con lo difícil. Enseñás resiliencia, aunque ni te lo propongas.


Hace algunos años escuché a la directora de la European Migraine and Headache Alliance, Elena Ruiz de la Torre, diciendo que su migraña es su “límite positivo”. Cuando aparece, le recuerda que necesita más tiempo con sus hijos y nietos, más abrazos, más caminatas tranquilas. Que es momento de volver al eje. Quizás no sea fácil, pero sí puede ser transformador.


¿Vos cómo lo vivís? ¿Qué estrategias te funcionaron o te gustaría explorar?

A veces, tu forma de adaptarte puede ser el salvavidas de otra madre o padre que también convive con migraña y no sabe por dónde empezar. Compartamos!

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CEFALOCA - Dra. Fiorella Martin Bertuzzi
Especialista en Neurología y Educación Universitaria

Rivadavia 4702, 3ro D, Caballito, Buenos Aires, Argentina
Santa Fe 3288, 4°A, Palermo,Buenos Aires, Argentina
Teléfono/Whatsapp: +54911 6036 5825

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