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¿Por qué justo ahora? El misterio del timing en una crisis de migraña

“Terminé la presentación, me relajé… y ahí me vino el dolor.”

“¡Toda la semana estuve bien! Pero me descompongo el viernes a la noche.”

“¿Cómo puede ser que me pase justo hoy, que tengo una cena, un viaje, un cumpleaños?”


Estas preguntas, con tono de queja o resignación, en realidad es una puerta de entrada a uno de los aspectos más interesantes del dolor de cabeza: su timing, el momento en que aparece. ¿Por qué casi nunca aparece durante el pico de estrés, sino después? ¿Por qué no en el medio del caos, sino al salir del trabajo?


Estrés y migraña: ¿gatillo o desencadenante diferido?

Durante años creímos que el estrés per se era uno de los principales desencadenantes de la migraña. Pero hoy sabemos que no siempre es tan directo.


Un trabajo publicado en The Journal of Headache and Pain (2021) explora este tema: usando modelos estadísticos para analizar series de tiempo, se vio que muchas personas con migraña no presentan su crisis en el momento de mayor estrés, sino en la fase posterior, cuando ya "se relajaron". Es lo que se conoce como migraña postestrés.


¿Por qué sucede esto? Al parecer, no solo es el nivel de estrés el que influye, sino los cambios bruscos en el nivel de activación (arousal). Nuestro sistema nervioso simpático se mantiene en alerta constante durante una etapa estresante, probablemente el cortisol y la adrenalina de esos momentos nos genere un efecto analgésico. Pero cuando finalmente baja la guardia, cuando todo pasa, el cerebro reacciona y te cobra el precio de agotarte.


Cada cerebro tiene su reloj

Lo interesante es que no todas las personas tienen el mismo patrón. Algunas desarrollan migrañas durante el evento estresante (exámenes, discusiones, jornadas largas); otras, al terminarlo. Otras, como yo, al día siguiente.


Ese timing personal es una de las claves para entender y anticipar nuestras crisis. Identificar si sos del tipo “pre-estrés”, “durante” o “post” puede ayudarte a planificar mejor tus semanas y a incorporar medidas preventivas en el momento justo.


Por ejemplo, yo soy de las que tienen crisis violentas el primer o segundo día de vacaciones. Después del caos de armar la valija, chequear mil veces que no me olvido nada, el viaje, el traslado, llegar al hotel… finalmente relajo. Y en ese preciso momento: boom, dolor.


Con los años entendí que mi cerebro detesta los cambios bruscos. Así que empecé a hacer pequeños ajustes que hacen una gran diferencia: armar la valija con 2–3 días de anticipación, viajar con tiempo, evitar llegar a Ezeiza o a Retiro corriendo con el último aliento.


También aprendí a no “frenar en seco”. Los primeros días de vacaciones suelo planear actividades con movimiento (caminar, recorrer, pasear) en lugar de tirarme directamente a reposar. Es como hacerle una rampa al estrés, en vez de bajarlo de golpe.

Porque sí: a veces la migraña no aparece en el caos… aparece cuando por fin soltás.


¿Y si el problema no es el estrés… sino el miedo?

Una mirada muy interesante que no es nada nueva es la del Dr. Arturo Goicoechea y Séfora Bermudez. Ellos proponen que muchas crisis se desencadenan no por un estímulo en sí ni por un cerebro enfermo, sino por el miedo aprendido a ciertos estímulos. Es decir, si una persona ha tenido migraña muchas veces después de un examen, antes de un viaje, o los domingos a la noche, su cerebro puede empezar a anticipar el dolor con solo percibir que ese patrón se repite.


Para Goicoechea, el cerebro es un órgano predictivo, y cuando cree que se acerca una situación peligrosa, aunque no lo sea objetivamente, puede activar el dolor como forma de protección. ¿Protección de qué? De un estímulo interpretado como amenazante. El dolor, entonces, sería una respuesta de alarma… no siempre justificada.


Quiero dejar en claro que yo considero que sí existe una base biológica para la migraña, pero la visión del Dr. Goicochea no deja de ser un punto fundamental a trabajar en muchos pacientes con migraña.

Por eso, parte del trabajo terapéutico puede ser reeducar al cerebro, desmontar esas asociaciones aprendidas, y perderle el miedo a los famosos “gatillos”.


¿Si no es el estrés? ¿Que puede ser?

No todo es estrés. El timing también puede verse influido por:

  • Cambios en el sueño: dormir mal una noche ya puede alterar el umbral de dolor.

  • Ritmos hormonales: sobre todo en mujeres, el ciclo menstrual marca claramente algunos timings predecibles.

  • Ritmos de alimentación, consumo de cafeína o actividad física.

  • Cambios climáticos (presión atmosférica, humedad, viento).

En resumen: lo que parece “justo ahora” muchas veces es una sumatoria silenciosa que viene desde días antes.


Reflexión final: anticipar, no culpar

Es muy fácil frustrarse con el dolor cuando aparece “en el peor momento”. Pero entender cómo funciona nuestro cuerpo es siempre una herramienta de poder. Mirar hacia atrás con curiosidad, no con culpa, y registrar el timing de nuestras crisis, puede darnos información valiosa.


El objetivo no es vivir adivinando cuándo aparecerá, sino aprender a leer las señales sutiles del cuerpo para actuar a tiempo.


¿Vos qué tipo de timing tenés? ¿Durante el estrés, o cuando todo termina? ¿Lo pudiste identificar?

Te leo.

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CEFALOCA - Dra. Fiorella Martin Bertuzzi
Especialista en Neurología y Educación Universitaria

Rivadavia 4702, 3ro D, Caballito, Buenos Aires, Argentina
Santa Fe 3288, 4°A, Palermo,Buenos Aires, Argentina
Teléfono/Whatsapp: +54911 6036 5825

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