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La ansiedad de “sentirse bien”… y el miedo a que todo vuelva

¿Te pasó esto?

Estás bien. Sin dolor.

Después de unos días (o semanas) complicadas.


Y en vez de disfrutarlo… aparecen esos pensamiento:

“¿Y si vuelve?”

“Seguro mañana me duele…”

“Mejor hago algo ahora por las dudas que mañana me duela”


Y de repente caemos en la cuenta que… estar bien también se vuelve estresante.


Esto no es solo migraña (le pasa a todos)


Esto lo veo en pacientes con migraña, cefalea tensional, cefaleas en racimos y neuralgias.

Porque no es solo el tipo de dolor. Es lo que tu cerebro aprendió después de convivir con él.

El dolor se aprende.


Cuando el cerebro queda en “modo alerta”


Después de repetir episodios de dolor, tu sistema nervioso hace algo lógico: intenta anticiparse.

Entonces uno escanea el cuerpo todo el tiempo y cualquier sensación se vuelve sospechosa, prestamos mucha más atención luego de haber estado con dolor.

Muchas veces termina pasando que uno se pasa días “preparándose” para el próximo episodio, tomando un montón de recaudos “por las dudas”.

No estoy hablando de decidir activamente no ir a la fiesta de la oficina porque muy probablemente te tengad que ir temprano por el dolor. Hablo de configurar toda tu vida y pasar a ser un rehen de la cefalea. Dejar de trabajar, de salir de casa a caminar, de comer.


No es el miedo al miedo mismo… es cómo reaccionás


En todo ese intento de anticiparte empieza a pasar algo que es bastante frecuente en pacientes con cefalea.

Dejás de reaccionar al dolor cuando aparece… y empezás a reaccionar ante la posibilidad de que aparezca. Ante la sospecha ya tu cuerpo reacciona como si tuvieras un tigre en la puerta de tu casa esperándote.

Esto tiene bastante lógica desde lo biológico. Después de repetir episodios de dolor, el sistema nervioso aprende. Se vuelve más sensible a ciertas señales y, sobre todo, más vigilante. Empieza a “buscar” activamente señales o patrones que puedan anticipar una nueva crisis.

El problema es que en ese contexto cualquier sensación pierde especificidad. Una molestia leve, tensión muscular, cansancio, cambios en el sueño o en el entorno… todo puede interpretarse como el inicio de algo más grande. Aunque rara vez lo sea.

Y ahí es donde aparece la conducta anticipatoria: tomar medicación antes de tiempo, modificar actividades, evitar situaciones. No en respuesta a un dolor establecido, sino en respuesta a la posibilidad de que ocurra.

De hecho, sabemos que este tipo de respuestas anticipatorias no son inocentes: se asocian a mayor frecuencia de dolor y a más uso de medicación.


Una habilidad clave del tratamiento


Desde el punto de vista del tratamiento, hay una diferencia importante que muchas veces no se trabaja lo suficiente.

No es lo mismo tratar una crisis de dolor… que reaccionar frente al miedo a esa crisis.

Cuando ambas cosas se manejan de la misma manera, el resultado suele ser un círculo poco efectivo: más uso de medicación, más alerta, más dificultad para identificar qué está pasando realmente en el cuerpo.

De hecho, sabemos que este tipo de respuestas anticipatorias pueden contribuir tanto al aumento de la frecuencia del dolor como al uso inadecuado de medicación .


Spoiler alert: te vas a equivocar (y está bien)


Parte del tratamiento es el aprendizaje y el autoconocimiento.

Implica entrenar cierta capacidad de discriminación: poder evaluar si lo que estás sintiendo corresponde a una crisis en curso o si es una señal inespecífica amplificada por este estado de alerta.

No es algo que salga de forma automática. Requiere tiempo, registro y, muchas veces, equivocarse.

Porque no siempre es claro. Y está bien que no lo sea. El punto no es que nunca te equivoques, ni que ignores síntomas. El punto es evitar reaccionar siempre de la misma forma, sin diferenciar dolor real de una inventado por tu cerebro.

Porque cuando toda sensación se trata como si fuera una crisis, el sistema se mantiene en alerta constante, y eso termina siendo parte del problema.


¿Qué buscamos entonces?


En la práctica, lo que buscamos es ir saliendo de ese funcionamiento automático. Que haya un margen cada vez más grande entre lo que sentís y la conducta que tomás.


A veces va a ser necesario actuar rápido. A veces va a ser mejor observar un poco más.

Esa diferencia es sutil, pero es una parte importante del tratamiento.


Después de convivir más o menos tiempo con dolor, sentirse bien también puede dar miedo. Y tiene sentido: es un sistema nervioso que aprendió a anticiparse, a estar alerta, a no confiar del todo.

Parte del tratamiento es saber que tenemos que dejar de vivir en ese estado de alerta permanente.

Trabajemos activamente para recuperar la confianza y la tranquilidad, volver a confiar en nuestro cuerpo y poder frenar un momento antes de reaccionar con miedo.


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CEFALOCA - Dra. Fiorella Martin Bertuzzi
Especialista en Neurología y Educación Universitaria

Rivadavia 4702, 3ro D, Caballito, Buenos Aires, Argentina
Santa Fe 3288, 4°A, Palermo,Buenos Aires, Argentina
Teléfono/Whatsapp: +54911 6036 5825

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