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Ataques relámpago: hablemos de la cefalea en racimos

Si alguna vez escuchaste a alguien decir que tiene “cefalea en racimos” y pensaste que era una forma de migraña… bueno, quedate un minuto en este posteo. Porque no, no lo es.


La cefalea en racimos es una de las formas más intensas de dolor que puede experimentar un ser humano.

Y aunque no es tan común como la migraña, su impacto puede ser devastador.


La historia de Juan

Juan tiene 30 años. Hace 4 años empezó con dolores agudos en el ojo derecho, todos los días, a la misma hora: 3 de la mañana. Al principio duraban unos 20-30 minutos y eran muy fuertes, pero en unas pocas semanas fueron emperando y la intensidad se volvió indescriptible, además ya le duraban alrededor de 1 hora.

Quedaba agotado, con el ojo cargado de lágrimas, la nariz tapada y una sensación de “querer arrancarse la cabeza”. Recorrió guardias, le dijeron que era estrés, sinusitis, neuralgia del trigémino. Le dieron antibióticos, analgésicos, incluso un antiepiléptico que lo mareo y le dió nauseas, mientras no le mejoró en nada el dolor.

Casi por arte de magia, ¿o eran los antibióticos?, el dolor se iba calmando y alguna que otra noche no aparecía. A los 3 meses de haber empezado desaparecía y Juan se consideraba curado. Al fin podía retomar con su vida.


Pasaron tres años así, hasta que vino a consultorio en plena crisis y pensamos en cefalea en racimos. Juan empezó tratamiento con oxígeno, corticoides y una medicación llamada verapamilo. Por primera vez, los ataques ya no lo tomaban de rehen cada madrugada. Pasaron a durar 15 minutos y luego ni siquiera lo despertaban, recuperó el control de su sueño.

Completó un par de semanas de corticoides y 3 meses de tratamiento preventivo con verapamilo. El dolor finalmente se fue.

Sabemos que probablemente va a volver el próximo año, pero esta vez, alguien le cree de verdad y tenemos un plan para que no vuelva a poner en pausa su vida otros 3 meses.


¿Qué causa la cefalea en racimos o cefalea de Horton?

Durante mucho tiempo se creyó que era un problema vascular. Hoy sabemos que el origen es mucho más complejo. La ciencia avanzó muchísimo desde los años 80, y ahora entendemos que el hipotálamo —la región del cerebro que regula nuestros ritmos de sueño, temperatura y hormonas— tiene un rol central. No por nada estos ataques aparecen a la misma hora todos los días, o en las mismas épocas del año. Son ataques con calendario propio.


Pero no actúa solo. Se involucra también el sistema trigeminovascular (que produce el dolor punzante y unilateral) y el sistema trigémino-autonómico (el responsable de los síntomas “acompañantes”: lagrimeo, moco, ojo rojo, párpado caído…). También participan neuroquímicos como el CGRP, PACAP y vías del sistema límbico, lo que puede explicar por qué este cuadro tiene tanta carga emocional.


El diagnóstico llega tarde

A pesar de todos estos avances, el diagnóstico puede tardar años. Muchas veces se confunde con migraña, neuralgia del trigémino o incluso sinusitis. Por eso, es clave conocer las señales: dolor muy intenso, unilateral, duración corta (15 a 180 minutos), aparición súbita, síntomas autonómicos ipsilaterales y ciclos repetitivos.


¿Cómo se trata?

  • En el ataque agudo la recomendación más importante es el uso de oxígeno al 100% con mascarilla de no reinhalación, o sumatriptán subcutáneo. Hay opciones que no están en Argentina como triptanes nasales y un aparato que estimula el nervio vago (gammaCore®) para quienes no toleran medicación.

  • Para prevenir: el antihipertensivo verapamilo es la primera línea, requiere monitoreo de síntomas de palpitaciones, arritmias y presión arterial. Si no funciona, el segundo en eficacia es el carbonato de litio. También pueden usarse topiramato, melatonina o gabapentin.

  • Nuevas opciones: uno de los anticuerpos monoclonales para migraña, el galcanezumab fue aprobado para formas episódicas de cefalea en racimos. Lamentablemente, no se encuentra disponible en Argentina. De los que están disponibles, Fremanezumab y Erenumab, no hay evidencia que los avale para indicarlos.

  • En algunos casos complejos se puede realizar radiofrecuencia o neuromodulación invasiva (es decir, la implantación de un neuromodulador) sobre el ganglio esfenopalatino y/o el nervio occipital del lado del dolor. Incluso se ha explorado la estimulación cerebral profunda (es decir el implante de electrodos de neuromodulación en el hipotálamo, dentro del cerebro) para los más refractarios.


En resumen…

  • No es migraña. No es leve. No es “psicológica”.

  • Es una enfermedad neurológica severa, con mecanismos cerebrales y moleculares identificables.

  • El diagnóstico es clínico, pero requiere escucha y experiencia.

  • El tratamiento existe, pero debe adaptarse a cada paciente y contexto.

  • Y lo más importante: el dolor se puede aliviar. No estás solo/a.


Si te suena esta historia, o conocés a alguien que sufra este tipo de dolor, compartí esta info.

Cuanto antes se diagnostique, antes se puede tratar.


Si sos de los que tiene cefalea en racimos, ¡hacenos escuchar tu voz!



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CEFALOCA - Dra. Fiorella Martin Bertuzzi
Especialista en Neurología y Educación Universitaria

Rivadavia 4702, 3ro D, Caballito, Buenos Aires, Argentina
Santa Fe 3288, 4°A, Palermo,Buenos Aires, Argentina
Teléfono/Whatsapp: +54911 6036 5825

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