Migraña: ¿y si dejamos de llegar tarde?
- Fiorella Martin Bertuzzi

- 1 jun
- 3 min de lectura
En una encuesta de Cefaloca que presentamos el año pasado en el Congreso Internacional de Cefaleas, en la que participaron más de 500 personas con migraña, encontramos un dato que duele: pasaron, en promedio, 11 años entre el primer dolor de cabeza y el diagnóstico. Once años de síntomas, dudas, automedicación, estudios, explicaciones a medias y, muchas veces, de sentir que había que “aguantársela”.
Hay un nuevo posicionamiento de la International Headache Society que me parece clave en la nueva interpretación de la migraña: ya no alcanza con “apagar incendios” cuando el dolor ya se volvió frecuente, discapacitante o difícil de tratar.
Durante años pensamos el tratamiento preventivo de la migraña como algo que aparece recién cuando la situación ya está muy desbordada: muchas crisis, mcucho dolor, mucho impacto en la vida diaria.
Porque la migraña no siempre se queda igual.
En algunas personas puede aumentar en frecuencia, intensidad o duración. Puede asociarse al sobreuso de medicación. Puede volverse crónica. Y, en algunos casos, hacerse más resistente o incluso refractaria a los tratamientos. No es simplemente “tener más dolores de cabeza”: es una enfermedad que puede ganar terreno.
Este documento plantea algo muy importante: no esperar a que la migraña arrase con tu vida para pensar en prevención.
De hecho, propone considerar tratamiento preventivo temprano desde los 2 a 4 días de migraña al mes, siempre individualizando cada caso, evaluando impacto, discapacidad, preferencias, riesgos, beneficios y acceso.
Y acá aparece una controversia enorme que tenemos que poner sobre la mesa:
Tratar antes… ¿no es medicalizar de más?
Para mí, la respuesta no es automática. No se trata de que toda persona con dos crisis mensuales salga con una receta bajo el brazo. No es “pastilla para todos”. No es convertir cada molestia en enfermedad.
Pero tampoco podemos seguir esperando a que una persona falte al trabajo, cancele planes, viva con miedo al próximo ataque, tome analgésicos cada vez más seguido o sienta que su vida se organiza alrededor de la migraña para recién ahí decir: “Bueno, tal vez habría que consultar a un médico”.
Muchas personas llegan a nuestras consultas después de años de aguantar. Años de automedicarse. Años de escuchar frases como: “es solo dolor de cabeza”, “tomate algo”, “ya se te va a pasar”.
No debería suceder esto.
Lo peor es que lo veo muchísimo en nuestros hijos, en chicos que quizás empiezan con señales tempranas a los 4 o 6 años: no toleran lugares con muchos estímulos, se quieren ir de los cumpleaños, les duele la cabeza cuando se agotan, se marean en viajes largos, necesitan oscuridad, silencio, pausa.
¿Y si en vez de enseñarles a aguantar, les enseñamos a escuchar su cerebro? A reconocer síntomas de aviso. A actuar temprano. A pedir ayuda antes de que la crisis los deje inmóviles. A entender que no son exagerados, sensibles “porque sí” ni dramáticos. A gestionar mejor una enfermedad neurológica que merece ser tomada en serio.
La migraña no es un problema de arterias que se contraen y se dilatan, como todavía se repite por ahí. Es una enfermedad neurológica compleja, con predisposición genética, redes cerebrales hiperreactivas, sensibilización del sistema del dolor y muchísimos factores que pueden modularla.
Y cuanto antes la entendemos, más chances tenemos de armar un plan.
Ese plan puede incluir educación, registro de ataques, tratamiento agudo bien indicado, evitar el sobreuso de analgésicos, sueño, alimentación, movimiento, manejo de desencadenantes, abordaje psicológico, fisioterapia, tratamiento preventivo clásico, toxina botulínica, anticuerpos anti-CGRP, gepantes u otras estrategias según cada paciente. No es una receta universal: es medicina personalizada.
Ojo que también nos toca un laburo enorme a los profesionales de la salud. Porque si seguimos minimizando la migraña, si solo pedimos estudios “para descartar algo grave” pero no diagnosticamos ni tratamos bien, si esperamos a que la persona esté destruida para ofrecer prevención, estamos llegando tarde. Y la educación médica también es parte del tratamiento.
Prevenir no es resignarse. Prevenir no es solo pastillas. Prevenir no es medicalizar por reflejo.
Prevenir es recuperar terreno.
Es cuidar el cerebro antes de que la migraña se vuelva una bola de nieve.
Si tenés migraña varias veces por mes, si cada ataque te deja fuera de juego, si vivís con miedo al próximo dolor o si estás tomando analgésicos muy seguido, no esperes a tocar fondo para consultar.
Siempre hay algo más para hacer. Y muchas veces, hacerlo antes cambia muchísimo el camino.
¿Sentís que tu migraña viene ganando espacio en tu vida? Te leo 👇




Llegué tarde. Llegué con una vida que ya no era vida, y está vostando mucho remontarla. Esta información es muy importante: "no llegar tarde!!!". Comparto este blog a todos los que conozco con migrañas, porque a pesar de que les conté mi historia y los animé a que hagan consultas para evitar la cronicidad y el empeoramiento de los síntomas por no tratarla a tiempo (porque no sabía), ellos siguen haciendo lo mismo: tomar un analgésico y siguen igual.
Gracias siempre por la información. Me ayuda mucho a entender.